Carta abierta a mi familia de la Sede Palermo

Después de poco más de 4 años, resulta demasiado dificil resumir en unas cuantas líneas tantas experiencias vividas. Así que decidí no hacerlo para simplemente tratar, a través de este breve texto de despedida, hacerles sentir la importancia de todo lo que viví con ustedes en Buenos Aires.
Me acuerdo que en los primeros días, a la noche, la cabeza me dolía y lo único que quería era un control remoto para accionar la tecla “SAP” que hiciera que todos “voltassem a falar normalmente”. De a poco fui asimilando, a veces con alguna crítica, pero siempre aprendiendo con los hábitos porteños. Por suerte, la Sede Palermo tiene la particularidad de ser una especie de Babel, un verdadero oasis para el que viene de afuera, que se encuentra con culturas, comidas, historias, anécdotas y puntos de vista de distintas partes del mundo, siempre enriquecedores. Estos encuentros son (y seguirán siendo) impagables.
Estoy profundamente agradecido a Sol y a todo el equipo de instructores con quienes trabajé estos años. Creo que hemos pasado por tantas cosas, malas y buenas, que me llevo adentro un ¡no se qué!, como si hubiera reservado en mi corazón un espacio para estos amigos con quienes caminé lado a lado y a los que tanto quiero.
A los alumnos, que hicieron clases conmigo o no, dejo un abrazo apretado y el deseo de que nos veamos no sólo en los Festivales, cursos y actividades del Método DeRose sino también en cualquier otro lugar, momento o circunstancia que la vida nos ofrezca.
Me gustaría irme con la sensación de haber influenciado, aunque sea sólo un poquito, en la vida de cada uno de ustedes… la mía, con certeza, cambió para mejor. Deseo con todas mis fuerzas que su paso por esta Escuela sea tan transformador como el mío.
Agradezco a todos los inolvidables momentos que me hicieron vivir acá.
Con todo mi cariño.
¡Hasta luego!
Instr. Pedro Costa

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