Imaginemos

Por Josué Barba
Instructor de la Sede Palermo

Imaginemos que existe un catalizador de las potencialidades individuales. Es decir, una herramienta –o un conjunto de ellas- cuya finalidad fuera favorecer o acelerar el desarrollo de cualquier tipo de proceso. Que, simplemente, mediante el empleo de una serie de técnicas y conceptos, consiguiéramos incrementar la energía del individuo, aumentar su estado conciencia, exacerbar su lucidez, desarrollar su sensibilidad.

Imaginemos ahora que fuera posible orientar alguno de esos efectos a una disciplina deportiva, artística o profesional en concreto. ¿Cómo repercutirían esas capacidades acentuadas en quien tuviera el privilegio de experimentarlas? ¿De qué manera influirían en el desempeño de un corredor, de un pianista, de un arquitecto, de un creativo?

No es difícil hacerse la idea de que, por ejemplo, cualquier deportista con un mayor grado de conciencia tendría más capacidad para analizar y perfeccionar sus gestos técnicos, dosificar y economizar sus momentos de esfuerzo y, por lo tanto, optimizar su rendimiento en el entrenamiento y la competición.

También es evidente que un artista con más lucidez sería capaz de intensificar sus percepciones y aplicar ese elevado nivel de delicadeza a su obra, a sus impresiones, a sus procesos mentales (concretos y/o abstractos) y emocionales, para después plasmarlos en una pintura, escultura, pieza musical o libro.

Del mismo modo, un creativo que se dedicara a potenciar su sensibilidad se tornaría un sujeto mucho más receptivo, propenso a percibir una mayor cantidad y variedad de estímulos que le permitirían hacer de su creación algo extraordinario y sublime.

Y qué decir de aquel profesional de cualquier área que, al generar y almacenar mayores dosis de energía, podría aplicarlas en la realización de sus labores en aras de un trabajo más eficiente, rápido, competente y seguro.

Imaginemos, una vez más, que todas esas cualidades y no sólo una de ellas, estuvieran al alcance de quienes no se conforman con poco. Que desarrollar la lucidez, ampliar la conciencia y generar dosis extra de vitalidad fueran el resultado de algo que ya existe y que, por si pareciera poco, no es más que la puerta de entrada a algo todavía más grande, vasto e indescriptible. Que su eficacia tuviera el aval del paso de los siglos, que se mantuviera ajeno a las modas pasajeras o los caprichos de temporada, y fuera el producto del empleo de tradiciones de origen ancestral que quedaron como herencia para aquellos que tuvieron la sensibilidad de identificarlas y adoptarlas como filosofía de vida.

Imaginemos que no hace falta fantasear. Asumamos que todo esto puede existir en realidad, no como una simple utopía. Reflexionemos y seamos conscientes de lo que se presenta al alcance de nuestra mano. ¿Vamos a tener la osadía de rechazarlo?

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