Sobre la ecología

Por Martín Pereira
Instructor de la Sede Palermo

Durante mucho tiempo, evolucionar significó, en algunos aspectos, hacer una escisión entre la Humanidad y la Naturaleza. Mientras la primera continuaba avanzando, la segunda se veía cada vez más deteriorada. Sin embargo, el sentido pleno de integración, como concepto de autoconocimiento, no sólo debería integrarnos con nosotros mismos sino también con todo los que nos contiene y, por ende, con el medio natural.

¿Será que la evolución de la especie se alejó tanto de su entorno que ya no considera la Naturaleza como algo propio? ¿Estaremos cada vez más cerca de aquello que ocurrió en Estados Unidos cuando el Presidente Pierce intentó apoderarse de las tierras de los Pieles Rojas, de lo que se extrajo el famoso manifiesto del Cacique Seattle, quien no comprendía cómo alguien podía “comprar” algo que no le pertenecía y que era una extensión de ellos mismos?

La Tierra es un bien sagrado para la Humanidad. Es el lugar del que venimos, en el que transcurre nuestra vida y hacia donde vamos. Porque todo es cíclico y durante nuestra existencia en el mundo sólo tomamos una porción de su energía que, al perecer, volverá a ella. No podemos sentirnos ajenos a éste nuestro entorno.

Hoy por hoy la Tierra se concibe como un bien del progreso, un recurso para explotar, una superficie sobre la cual edificar, un rincón donde vivir, una propiedad con la que hacer lo que a uno le plazca.

El verdadero autoconocimiento sólo existirá cuando comprendamos que nuestra existencia no termina donde termina nuestra piel. Va más allá y se manifiesta, cada vez más desesperadamente, emitiendo alaridos que se llevan consigo parte de la Humanidad.

Entonces, ¿dónde termina la Humanidad y dónde empieza la Naturaleza? Sólo lograremos evolucionar, en el sentido más amplio y utópico de la palabra, cuando sepamos que en todas las acciones que realizamos está el porvenir de nuestra especie.

Una de las mayores aspiraciones del ser humano es lograr el equilibrio. En todo: en el trabajo, en las relaciones, en los objetivos, en los ingresos y egresos, en los estados físico, emocional y mental, etc. Sabemos que la perfección de la Naturaleza posee un porqué y responde a una serie de razones que proporcionan ese equilibrio. También es evidente que cualquier deficiencia se suplirá con la extracción de recursos de cualquier otro lugar disponible, que a su vez generará una nueva deficiencia que volverá a ser paliada con otro recurso. Y así de manera cíclica e infinita.

Se dice que el aleteo de una mariposa en un lado del mundo puede terminar con un tifón en el otro extremo. Si bien es difícil imaginar, y mucho más asumir esa responsabilidad, todo está conectado. Y nuestra incidencia en el planeta nunca debería ser indiferente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *